martes, 28 de diciembre de 2010

Emancipación y Atestiguación de la existencia.

¡Cogitare-Vitae!

Al parecer, o al menos esa es la pretensión, de este sitio; pero bueno... no sólo de este sitio, sino de la existencia propia.
*Pensar es hacer accesible, pensar es entrar en crisis, pensar es ser esa existencia que somos y al mismo tiempo la existencia a la que estamos encaminados; en todo caso, pensar es existir propiamente como viatores mortem, como peregrinos de la muerte.

*Pensar es tomarse en serio la vida, y vivir en las raíces más profundas de la existencia, enfrentando aquellos miedos que aniquilan nuestro ser.

*Pero qué demonios es 'pensar la vida' -¿?-,
*La vida pensada desde la sofistería es la oportunidad de trascender en la vanidad misma, pero atención, es trascender en, con, dentro, por y mediante la vanidad misma... NO es nunca trascender a la vanidad. De modo, que hay personajes en este mundo, que, consagrados a la vanidad, viven in-mersos en esa orgía de sensaciones que yo conozco con el nombre de Orgasmo Social.
El orgasmo social, es el proyecto de una sociedad en estado de play*, una sociedad que de principio no reflexiona, una sociedad que no tiene consciencia... Vivir en estado de ab-sorto, de caído, o de play es vivir en lo que 'cotidianamente se vive', esto comprueba la Gloriosa tesis de Husserl, 'la filosofía no es para todos'... puesto que hacer filosofía, es pensar la vida hasta sus últimas consecuencias... ya algunos miles de años alguien llamado Platón lo había dicho... 'una vida sin examen de sí mismo no merece ser vivida' (cfr. Apología, 38a).

En el otro extremo de la existencia tenemos a la superchería metafísica de una vida postmortem, que es básicamente, una vanitas vanitatis, la cual es la despreocupación total por la vida, de modo que pensar en una vida especial, y excenta de miseria, es la miseria misma... en palabras de nuestro padre Nietzsche y sobre todo Heidegger, 'hacerse pasar por protectores del Cristianismo, es un auténtico nihilismo', y esto porqué... facil, simplemente porque el cristiano tiene miedo de que la existencia sea como es, un evento de inmanencia.
La esperanza o el principio de esperanza basado en la idea de trascendencia del mundo, me parece la idea más ingenua y pobre que jamás se haya dicho, qué necesidad hay de una trascendencia -pregunto yo-, qué necesidad hay de la felicidad, qué necesidad hay de la paz, qué necesidad hay de una vida, después de esta vida... Ninguna, Respondo yo.
No hay necesidad de nada, más que de pensar, asumir la próxima muerte, la muerte nuestra, y vivir enserio esta existencia, que es la única que tenemos.
Hace algunos años, en la Génesis del Cristianismo, existió un hombre llamado Agustín de Hipona, él decía 'que la vida sepa', de ese mismo sentido es la exigencia que yo hablo, de una vida que sepa, a amargura, a muerte, a desesperación, a belleza, a dolor, a compasión, a amor... ¡pero que la vida sepa!, sólo eso pido, que la vida tenga un sabor... desde la scientia no, sino desde la experiencia de la propia miseria humana, que es su mayor exaltación. En este mismo sentido, la doxología de la inmanencia humana, se edifica en su trascendencia dentro de este mundo, se constituye en el marco de la temporalidad humana, que es nuestra finitud, y se proclama en la gracia de que el hombre es y será hombre, per saecula saeculorum.

La intencionalidad de este escrito no es promover el nihilismo religioso y menos existencial, sino promover la emancipación de la vida ingenua fundada en dogmatismos metafísicos y teológicos. Yo me pronuncio a una vida que se piense a sí misma, no en relación de la realización existencial propia, sino de la realización co-existencial con el otro; de modo que proponemos no una filosofía que nace de una idea teológica ni metafísica, sino de la emancipación misma, de la herejía y de la blasfemia... entendiendo por éstas, sólo a los modos originarios de negar la trascendencia del hombre

Por. J. Eduardo Rincón.

lunes, 20 de diciembre de 2010

La Deconstrucción de la Tradición Antropológica.


Si el proyecto llamado Ser y Tiempo es una renovación explicita de la fenomenología, que en su centro pone la vida fáctica, es decir, el existir humano, ¿Por qué Heidegger derroca toda previa interpretación del ente que somos nosotros mismos? Sencillo, porque para Heidegger, la tradición jamás ha interpretado aquello que a primera vista es lo más obvio, la existencia o el existir humano, y que en vez de interpretar primariamente al hombre en su relación existencial con el Ser, ha pasado a interpretarlo metafísicamente como un ζον λγον χον o animal rationale; teológicamente como un ens creatum con categorías de imagen y semejanza de lo divino; posteriormente la biología como una sub-especie de lo viviente en términos de ζωή y ζον, el centro de la crítica Heideggeriana es que al hombre, en este caso al Dasein jamás se le ha interpretado desde lo que es él mismo en su Ser, una totalidad ontológica-existencial.

Por esta razón, desde 1923 Heidegger comienza su proyecto de destruktion de la tradición, el cual tiene como fin principal no el acabar con la tradición, sino ver el fundamento originario de ésta, ya que desmontando críticamente la tradición no queda posibilidad alguna de extraviarse en problemas que sólo en apariencia sean importantes.[1], de modo que sólo entrando en contacto con el fundamento propio de la tradición se pueden develar aquellos puntos que resultan insuficientes en el tratamiento de la cuestión, en este caso de la cuestión de la existencia humana originaria, por ello es la crítica de Heidegger hacia las ciencias, que sólo han interpretado rasgos accidentales o bien sólo algunas regiones del ente que somos. En las lecciones sobre Ontología dictadas en 1923 Heidegger dedica los parágrafos §-§ 4, 5 y 6 para descifrar los hilos conductores de la tradición Metafísica y Teológica, que para él, han determinado el curso del pensamiento occidental.

En Ser y Tiempo, Heidegger usa el mismo tratamiento de deconstrucción[2] iniciado en las lecciones de 1923, esto a modo de una propedéutica que servirá para la edificación del proyecto de la Analítica de la Existencia, ya que ni la Antropología, ni la Teología unida a ella, ni la Psicología, ni la Biología apuntan en absoluto al Dasein[3]. En ningún caso, la destrucción ontológica que hace Heidegger tiene un significado negativo, sino al contrario, el sentido de la deconstrucción es despojar de su rigidez lo que a lo largo de la tradición se ha petrificado, y mostrar de esta manera los elementos vivos y fecundos, que subyacen a la base de la tradición[4].

Ante la eminente rehabilitación por la cuestión del Ser, a partir de la ontología a modo de fenomenología, y ésta a modo de fenomenología hermenéutica que tiene como temática principal la vida fáctica es decir, la existencia del Dasein, Heidegger da paso a su proyecto de deconstrucción, el cual le sirve para profundizar en lo más hondo y fundamental de la tradición antropológica, para que, conocido el fundamento originario de esta tradición, partir hacia a una nueva interpretación del sentido y verdad del Ser a parir del ente que somos, a través de una Ontología Fundamental que tiene como tesis principal la siguiente proposición: La Temporeidad se nos mostrará como el sentido del ser de este ente que llamamos Dasein[5], de modo que esta tesis atraviesa todo el proyecto de rehabilitación por la pregunta del ser del hombre y en consecuencia el sentido del Ser en General.
Por. J. Eduardo Rincón S.


[1] Cfr. HEIDEGGER M., Ontología, Hermenéutica de la Facticidad., Pág. 100.

[2] Cfr. HEIDEGGER M., SER Y TIEMPO, Pág. 66-71. § 10. Delimitación de la Analítica del Dasein frente a la Antropología, la Psicología y la Biología.

[3] Cfr. HEIDEGGER M., SER Y TIEMPO, Pág. 67, nota ‘a’.

[4] Cfr. HEIDEGGER M., SER Y TIEMPO, Pág. 43.

[5] Cfr. HEIDEGGER M., SER Y TIEMPO, Pág. 38.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La Fenomenología como Hermenéutica.


El proyecto fenomenológico de Ser y Tiempo, nace partir de la indefinibilidad del Ser, que según Heidegger, fue interpretada como un no cuestionar el sentido del Ser, que consecuentemente llegó al mencionado olvido del Ser, el cual guió a toda la tradición Metafísica a la concepción del Ser a partir del ente, hablando de un ente supremo, al que en todo caso le daría el nombre de Dios, por lo tanto, todo discurso supuestamente Metafísico sería un discurso puramente óntico, o vale decir, teológico. El reclamo de Heidegger es que la indefinibilidad del Ser, no es para nada una abstención de juicio, sino al contrario, una invitación hacia la búsqueda del sentido del Ser[1].

El proyecto por la verdad y sentido del Ser, fue abierto por la Metafísica, pero fue cerrado por ella misma, al ser en sí, la ciencia del ente y limitarse a ello; por esta razón, dice Heidegger, que el camino hacia el sentido y verdad del Ser debe ser rehabilitado pero no por la Metafísica, sino por la Fenomenología, ya que ‘La Ontología sólo es posible como fenomenología[2]. Ante este pensamiento restaurador y destructor de Heidegger, se debe comprender la fenomenología no en el sentido Husserliano, sino en el sentido Heideggeriano, es decir, comprender la fenomenología como fenomenología hermenéutica.

El proyecto de la fenomenología hermenéutica de Heidegger, no tiene su Génesis en Ser y Tiempo, sino en las primeras lecciones de Heidegger en Friburgo[3], donde según Alejandro Vigo, -desde 1919 Heidegger pretendía una renovación radicalmente nueva de la fenomenología entendiendo esta como una fenomenología hermenéutica[4]-, ahora entra la siguiente cuestión, ¿Cuáles son las causas que motivaron a Heidegger el emprender la renovación hermenéutica de la Fenomenología?, a esta pregunta se tratará de dar su debida respuesta a continuación.

Como es sabido Husserl con la fenomenología propone una nueva forma de hacer filosofía, de concebir el mundo y la vida, es una forma radicalmente nueva de pensar las cosas, su método, ir a las cosas mismas, esto está claramente planteado en Ideen I; pero ante esto, Heidegger rechaza la reinterpretación cartesiano-kantiana de la fenomenología propuesta por Husserl, que tiene expresión en el giro a la consciencia intencional. El rechazo de Heidegger a la fenomenología de Husserl tiene su fundamento en el carácter acrítico de la actitud teórico-constatativa de la consciencia, que se resume en 4 puntos: 1.- El sujeto, que opera como la fuente de los actos intencionales, es pensado en su esencia como consciencia pura, cuyo carácter de ser es meramente teórico-constatativo; 2.- El ente, que se ofrece tiene el carácter de un mero objeto que es aprehendido solamente de una forma teórico-constatativo; 3.- La forma primaria de acceso al mundo, fundada en un dirigir la mirada, que tiene un carácter puramente teórica-constatativa, es decir en una forma puramente contemplativa; 4.- Que la fenomenología, deba ser comprendida como un método teórico-constatativo[5]; ante todo esto se deja ver que para Heidegger, la actitud cientificista (bajo el criterio teórico-constatativo) de Husserl no resulta del todo convincente, por esa razón propone hacer la renovación de la fenomenología desde la hermenéutica, la cual no tiene un carácter de acceso a la realidad bajo categorías epistemológicas de Sujeto-Objeto, en cuanto a nociones de reflexión y descripción, sino más bien en el ámbito de la vida fáctica, que propone la experiencia originaria del ente, de su sentido y verdad[6].

Hasta ahora se ha visto que los motivos Heidegger para abandonar la fenomenología Husserliana, son porque ésta está limitada por la primacía de la teoría, por el hambre de rebajar todo a la objetividad de la consciencia del ego cogitans, de ahí mismo que se le juzgue en repetidas ocasiones a Husserl de idealista, y esto fue también, razón para que muchos de sus discípulos se alejaran del proyecto fenomenológico que nacía en Ideen I. Heidegger por otra parte permaneció al lado de Husserl aprendiendo el método e incluso como se ha dicho, haciendo una renovación de ésta a partir de la Hermenéutica, que tenía en su centro, concebir desde la vida, de modo que el centro de la fenomenología hermenéutica de Heidegger es un concebir la ontología desde la fenomenología, y a ésta desde la hermenéutica de la vida fáctica, es decir desde la vida humana.

Heidegger entiende por hermenéutica al ‘modo unitario de abordar, plantear, acceder a ella, cuestionar y explicar la facticidad[7] es decir al modo bajo el cual se comprenderá la facticidad, y entiende también por facticidad al ‘nombre que le damos al carácter de ser de existir . Más exactamente, la expresión significa: ese existir en cada ocasión[8]’, por lo tanto, la fenomenología hermenéutica de Heidegger parte en primera instancia, de aquella existencia que somos nosotros mismos, esto es a lo que Heidegger llama vida fáctica o vivir fáctico, a nuestro existir, al ‘existir humano[9], y este existir humano será el centro de reflexión del proyecto Heideggeriano de la fenomenología hermenéutica.

Por. J. Eduardo Rincón S.

[1] Cfr. HEIDEGGER M., SER Y TIEMPO, Pág. 25.

[2] Cfr. HEIDEGGER M., SER Y TIEMPO, Pág. 55.

[3] Cfr. VIGO A., Arqueología y Aleteiología, y otros estudios Heideggerianos., Buenos Aires, Biblos, 2008, Págs. 231-257.

[4] Cfr. VIGO A., Arqueología y Aleteiología, y otros estudios Heideggerianos., Pág. 231.

[5] Cfr. VIGO A., Arqueología y Aleteiología, y otros estudios Heideggerianos., Pág. 234-235.

[6] Cfr. VIGO A., Arqueología y Aleteiología, y otros estudios Heideggerianos., pág. 235.

[7] HEIDEGGER M., Ontología, Hermenéutica de la Facticidad., pág. 27.

[8] HEIDEGGER M., Ontología, Hermenéutica de la Facticidad., pág. 25.

[9] HEIDEGGER M., Ontología, Hermenéutica de la Facticidad., pág. 41.

viernes, 15 de octubre de 2010

De la Dialéctica... 'Ser y Hombre' (La cuestión relacional).

La Relación esencial entre el ser y el hombre.

El paso que Heidegger da, para ir más allá de la tradición es en ver al hombre a la luz de la relación con el ser. El termino dasein, es para Heidegger la esencia del hombre, que se manifiesta como el cómo del ser, como la forma por antonomasia en la cual el ser se ha de de-velar. El hombre es para Heidegger, el claro mismo de la verdad del ser, es el ente donde brilla y se hace transparente el ser mismo.

Según Heidegger el horizonte antropológico de la modernidad queda superado desde el contemplar al hombre desde este pre-supuesto, desde el dasein. Si el hombre sólo es hombre, a raíz del dasein, la pregunta por el sentido y verdad del hombre, deja de ser antropológica (como se había contemplado durante toda la tradición) y así se retorna al ser mismo[1].

El hombre debe de ser interpretado no desde una antropología en sentido convencional, sino desde una onto-antropología haciendo ahínco en el aspecto fundamental del dasein en cuanto a su relación con el ser. Esta relación es la primacía del ser que se pregunta por el sentido del ser, que recae justamente en el ente que busca la verdad del ser, y que en su ser sé de-vela la verdad misma del ser, y que como rasgo natural de él le va el lenguaje en cuanto articulación de su existencia, y el pensar en cuanto pensar la verdad del ser.

Por ello el hombre en cuanto tal se da cuenta de que es el ser que se pregunta por el ser; este manifestarse como el ente que busca la verdad del ser, Heidegger lo llama claro, en cuanto apertura del ser para con el dasein, y en este darse cuenta de la donación del ser es donde el ser habla, donde se desnuda en cuanto develar, la verdad del ser.

Heidegger apunta al hombre como el ser en que se devela la verdad misma del ser, recurriendo a un escrito un poco tardío tiempo y ser, para exponer la temática en cuanto al de-velar que en todo caso es la alétheia, ‘…hemos de pensar la alétheia, el desocultamiento, como el claro que permite al ser y al pensar el estar presente el uno para el otro[2], de modo que en el hombre entran en fusión tanto el pensar y al ser, los cuales llevan al hombre hacia la proximidad del ser, en cuanto habita en el habla. Y, en cuanto el ser habla en el pensar y habla del hombre, desnuda su verdad.

La relación esencial entre el ser y el hombre dentro del pensamiento de Heidegger, está expuesta en ‘La Carta del Humanismo’. Que fue publicada en 1947, hacia Jean Beaufret en respuesta sobre cómo se puede devolver el sentido a la palabra humanismo, y tambien en respuesta al existencialismo naciente de Jean-Paul Sartre, que dice en su tesis principal ‘el existencialismo es un humanismo’, y que ‘la existencia antecede a la esencia’.

Heidegger ubica la relación entre el ser y el hombre de una forma de reciprocidad. Donde la primacía en la relación le va al ser mismo, ‘el hombre no es lo esencial sino el ser[3]’, de modo que para Heidegger el ser es lo primario por antonomasia. En Ser y Tiempo, esta relación parece ser casi nula, ya él Heidegger mantiene que hay ser donde hay dasein, en la carta del humanismo se abre el giro de Heidegger, del dasein al ser, del hombre al ser, el retorno del ser, entonces en la carta del humanismo, el ser abre la reciprocidad con el dasein como donación de la eyección, en el estado de arrojado, el dasein goza de la relación del ser, y así el ser es lo fundamental, en cuanto a referencia y esencia del hombre. De modo que Heidegger se aleja de la condición de posibilidad, de que para que haya ser debe haber dasein que se dé cuenta de ello.

El ser necesita del hombre.

Como se ha dicho con anterioridad, en la relación del hombre con el ser, el ser es lo más importante, es lo primario por antonomasia; pero hay que tomar en cuenta también que el hombre es necesario para la relación, de modo que el ser también necesita del hombre. El ser y el hombre son una dualidad inseparable, y la formula de Heidegger para expresarlo es esta… -Que la realidad fundamental para con el hombre-y-el-ser, no es el ser como fenómeno fundamental, sino la relación entre estos dos, como una relación de ser y existencia[4]. Pero aunque la relación sea reciproca no está totalmente equilibrada, ya que la relación depende del ser, el ser sigue teniendo la primacía: así Heidegger dirá que la relación tiene su fundamento en el habla del lenguaje, y en cuanto lenguaje, el lenguaje es la casa del ser, el hombre pertenece al ser, el hombre es el claro, y el lenguaje el cómo de la verdad del ser.

El lenguaje como la casa del ser.

Para Heidegger, el lenguaje es el cómo en el cual se establece la relación entre el ser y el hombre, el lenguaje es el claro, es el cómo donde se manifiesta la cercanía del ser; por ello ‘el lenguaje es la casa del ser[5]’, ahora hay que aclarar un punto muy importante, ya que esta frase de Heidegger ha sido, en ocasiones, malinterpretada.

El hecho de que el lenguaje se manifieste como la casa del ser, no dice ni afirma que el lenguaje humano sea esa casa, que erigida por el hombre sea el hogar del ser (como si el ser habitara en el lenguaje humano); de serlo así, la primacía ontológica sería del hombre y no del ser, todo esto nos llevaría a concluir que mientras haya hombre y lenguaje humano hay SER, y esto no puede ser así.

Por tanto el sentido verdadero es que el ser funda esta casa, en la cual habita el hombre, el lenguaje es la morada del ser humano, sin lenguaje no hay humanidad, es el reclamo de Heidegger.

La carta del humanismo nos expresa claramente en su idea principal que el lenguaje es la casa del ser, y en su morada habita el hombre, y se mantiene que quien habla es el habla; es verdad que el hombre habla, pero él habla solamente en cuanto corresponde al ser, cuando escucha la exhortación del ser.

El hombre como guarda del ser.

El ser necesita del hombre como el guardia de su verdad, actividad sólo se ve reservada para ‘los pensadores y los poetas… su guarda consiste en llevar a cabo la manifestación del ser[6], el hombre, el poeta, el filósofo, son los custodios de la verdad del ser, son los portadores de su verdad que en cuanto portadores son profetas de la verdad misma del ser.

Para Heidegger, el preguntar se expresa en el pensar como una devoción, y el pensar sólo es articulado en medida que se habla, de modo que lo primero es el habla, y en su consecuente el preguntar esencial por el sentido y verdad del ser, que sólo se descubre en el ente que habla, en cual se devela la verdad del ser; dentro de estas expresiones podemos ver que el hombre no es dueño de nada*, el hombre no es dueño de lo ente, es El pastor del ser.

Las expresiones anteriores acerca del pensar, se refieren a que el hombre no piensa por sí mismo, como si fuera un propiedad* propia de él, el pensar dice Heidegger, ‘es el pensar del ser por el ser[7]’, de modo que los pensamientos no son propios del hombre sino que llegan a él[8].

De modo que el pensar es el acontecimiento propio del ser, y en medida que se piensa, la esencia del hombre tiene actualidad, es decir que el pensar del ser por el ser, hacen que el hombre articule su existencia, llevan a cabo la esencia del hombre; y para este mismo hecho Heidegger dice, que el poetizar, hace las mismas, ya que la poesía hace posible la instauración del ser por medio de la palabra[9] (Cfr. Erläuterungen zu Hölderlins Dichtung. Trad. Aclaraciones sobre la poseía de Hölderin, Pág 38.), desde toda esta perspectiva el hombre es visto en la doctrina antropológica de Heidegger como el claro, como el lugar por antonomasia en el cual hay que estudiar al ser mismo, y no en el hombre cualquiera, sino en el humano que habla, ya que en él se desnuda su verdad, la verdad del ser.



[1] El hombre se presenta esencialmente de tal modo que él es el –ahí-, es decir, el claro del ser…, de modo que ‘el hombre es el vecino del ser… y en cuanto exigencia dice Heidegger ‘debemos ser caminantes del camino que lleva a la vecindad del ser’. Cfr. HEIDEGGER M. Carta del Humanismo, Pág. 57 y 60.

[2] HEIDEGGER M. Das ende der philosophie und die Aufgabe des Denkens; el final de la Filosofía y la tarea del pensar, en Tiempo y Ser, trad. J.L. Molinuelo, Tecnos, Madrid, (2000), Pág. 75.

[3] Ib. HEIDEGGER M. Carta del Humanismo, Pág. 38.

[4] Ib. Pág. 40-41.

[5] Ib. Pág. 11.

[6] Ib. Pág. 11 y 12.

[7] Ib. Pág. 12.

[8] Nunca llegamos a pensamientos, ellos llegan a nosotros’, HEIDEGGER M. Aus der Erfahrung des Denkens, 2da Ed., Pfullingen, Neske, (1965), Pág 11; ‘El pensar, dicho sin más, es el pensar del ser…’ Ib. HEIDEGGER M. Carta del humanismo, pág. 15.

[9] Como un dato muy interesante es el hecho del poetizar; poetizar no está en Heidegger como el sentido Literario, sino como el sentido poético en termino griego, Poietes*-Poeta- Artesano, el que crea el que produce, entonces el producir es un resultado del ocuparse, del famoso Besorgen de Ser y Tiempo; entonces tenemos que el hombre, es poeta, en cuanto produce, y que produce gracias a que tiene lenguaje, de ahí que la instauración poética sea por medio del lenguaje.

Del mismo modo encontramos en el Evangelio de Juan el Lógos* como el principio, como lo que instaura por medio de la palabra.